Breves reflexiones sobre la Universidad Católica


por Aldo Giacchetti

¿Qué es una Universidad Católica?: es un centro de pensamiento y de formación animado por la fe de la Iglesia Católica. La tarea del pensamiento es la de inteligir la realidad, la de verla en toda su amplitud y profundidad, los profesores emprenden esa tarea, buscan la verdad e invitan a los estudiantes a profundizar con ellos en esa tarea, compartiéndoles sus propios avances y procurándoles de ese modo la formación que requieren.

En su número diez, la Gravissimum Educationis del Concilio Vaticano II −en un pasaje que es retomado en la Ex Corde Ecclesiae− destacaba, al hablar de la armonía entre fe y razón, que “ha de hacerse como pública, estable y universal la presencia del pensamiento cristiano en todo empeño de promover la cultura más elevada, y los alumnos de estos institutos han de formarse hombres prestigiosos por su doctrina, preparados para el desempeño de las funciones más importantes en la sociedad y testigos de la fe en el mundo”. Se ven claramente allí, las dos dimensiones del pensamiento y de la formación, que sin embargo no se quedan solo dentro de los muros del claustro universitario, sino que se proyectan más allá de ellos, al servicio de la sociedad.

Una Universidad católica que, por la fe, cuenta con la certeza de conocer la fuente de la verdad tiene la tarea de integrarla vitalmente con la búsqueda de la verdad (ver Ex Corde Ecclesiae, 1), pues la fe, lejos de ahogar la búsqueda la impulsa y le abre a la razón un horizonte más grande que el que podría visualizar únicamente desde sí misma. Este esfuerzo de integración no es una tarea fácil y requiere del compromiso libre de toda la persona, pues es ella, la que piensa y no su mente aislada, sin raíces vitales.

Las Universidades, incluidas naturalmente las Universidades Católicas, vienen sufriendo el impacto de presiones que provienen tanto de las ideologías imperantes (p.e. la ideología de la tolerancia de origen liberal) cuanto de las dinámicas del mercado. Por lo primero la búsqueda de la verdad corre el riesgo de ser reemplazada por el interés y el discurso justificatorio, por lo segundo la Universidad arriesga definir su identidad a partir de los estándares de excelencia, en vez de considerarlos solamente como indicadores parciales de desempeño.

Ambos fenómenos constriñen a las Universidades y las pueden conducir al desvío de su cometido fundamental, que S.S. Benedicto XVI formuló en el Escorial en agosto del año pasado con gran fuerza sintética: “la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana”. Una Universidad Católica, por su naturaleza, le aporta a esa búsqueda la luz decisiva que viene de Jesucristo, quien ilumina la realidad del ser humano y de toda otra realidad.

La tarea de una Universidad Católica, particularmente hoy en día, es la de realizar una gran síntesis en el pensamiento, la formación y su irradiación, que teniendo como centro la realidad de la persona concreta y la luz que sobre ella arroja Jesucristo, integre los diversos campos del saber, de manera que pueda ponerse al servicio de la realización de las personas y de la forja de una cultura más humana.

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