Person of interest: cuidar a los otros, aventura y reconciliación


Por Martín Ugarteche.

En un mundo donde muchas veces prima una actitud egoísta, de cuidar apenas de los propios intereses, la propia salud y bienestar, sigue teniendo plena vigencia la verdad central de la antropología cristiana: la persona humana sólo se realiza en la gran aventura de vivir con y para los demás, sus semejantes, siguiendo el ejemplo del Señor Jesús.

Me causó una grata sorpresa encontrar una nueva serie, Person of interest, que coloca en el centro de la trama la preocupación de un grupo de personas por cuidar a otras personas, con los riesgos que muchas veces ello implica. A pesar de faltar una referencia explícita a Dios, pienso que la serie es eficaz en mostrar cómo un grupo de personas se realiza y encuentra su lugar en la existencia viviendo para salvar otras personas.

Primero una breve explicación de los personajes y la trama, sobretodo para quien no vio la serie. Cada personaje ha sido cuidadosamente elaborado y su historia y características van siendo desveladas capítulo a capítulo.

Harold Finch, un multimillonario y genio de la informática, diseñó una máquina que es capaz de prever crímenes. La máquina ofrece un número de seguridad social, que puede ser de la víctima o autor de un crimen futuro. Inicialmente la tecnología estaba destinada a prevenir crímenes en gran escala. Sin embargo, después de un tiempo, Finch decide hacer algo para impedir crímenes contra personas comunes, que bajo cierto punto de vista pueden ser considerados “irrelevantes”.

Para el trabajo de campo contrata a Mr. Reese un ex-militar y agente de inteligencia.

Conforme avanzan los capítulos, más personajes pasan a conformar el equipo, como el detective Fusco y la detective Carter.

Cada personaje es complejo y merece ser visto con detenimiento, lo que no podremos hacer aquí. Bastenos decir que, por diversos motivos, todos se van sumando a la causa de evitar crímenes, cuidar a otras personas.

Reese, por ejemplo, es un personaje complejo. Se ve a sí mismo como una causa perdida, pero hace de todo por salvar otras personas. Su historia pasada, un tanto turbia, también le permite comprender la mentalidad de muchos de los criminales. La amistad y confianza con Finch va aumentando a lo largo de los capítulos, así como con Fusco y Carter. Fusco es un policía corrupto que poco a poco se va transformando y sumando a la causa y Carter una policía modelo, que trabaja con Fosco en homicidios y que ya se cuestionaba sobre la posibilidad de evitar homicidios en vez de investigar culpables después del crimen.

Es un breve resumen, pero a partir de lo dicho puedo señalar algunos de puntos más de fondo.

En primer lugar, la necesidad de un equipo y de usar de la mejor manera las propias habilidades para servir una buena causa. Finch usa sus habilidades con tecnología y Reese sus habilidades tácticas de combate. Fosco se caracteriza por su astucia y Carter posee también habilidades militares y, sobre todo, un sentido muy fuerte de lo que es justo y noble.

En segundo lugar, por más que los personajes son diversos, ellos comparten un elemento: la compasión por otras personas, el no ser indiferentes, sino particularmente sensibles a sus necesidades, que no se queda en sentimientos, sino que se traduce en acciones concretas por salvar a dichas personas.

Como ya anunciaba al inicio, pienso que se puede hacer una relación directa con la antropología cristiana, según la cual el hombre solamente se realiza en el sincero don de sí a los demás, en un vivir no sólo con el otro, sino para el otro. El máximo ejemplo de ello, claro está, se encuentra en Cristo.

Este ideal no se realiza en situaciones ideales. Vemos que todos los personajes tienen historias complejas, errores cometidos, recovecos oscuros con los cuales deben reconciliarse. Y esto lleva a un último tema que me gustaría tocar. Una idea presente sobretodo en Mr. Reese, que es la de una necesidad de reconciliación bastante fuerte. Pienso que hacer el bien, haber encontrado su lugar no es suficiente. Hace falta renunciar a una visión negativa de sí mismo, de verse como causa perdida. De alguna manera, el cuidado de los otros sólo es posible si uno también sabe cuidarse a sí mismo.

Pasando a un nivel un poco más trascendente, pienso que la fiesta litúrgica de hace dos Domingos, del Buen Pastor, habla fuerte a esta necesidad profunda del ser humano, de ser reconciliado, cuidado y que solamente es plenamente satisfecha en el encuentro con Cristo, el Buen Pastor, el Reconciliador y Cuidador por excelencia.

Pero, obviamente, este último salto teológico no está presente en la serie. Quizá sería mucho pedirle y ya es bastante la manera eficaz en que evidencia ese anhelo profundo del ser humano, como una gran interrogante a ser respondida por el espectador.

Tengo la convicción que siempre que se evidencia un anhelo profundo de la persona humana, en este caso de una reconciliación consigo misma, de un amor que corresponda a su grandeza íntima, no se puede dejar de evidenciar al mismo tiempo la existencia de un Dios Reconciliador, capaz de saciar ese anhelo profundo, sin el cual toda la vida humana se perdería en las sombras del absurdo.

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