CEC Diálogos: «Deporte y Vida Cristiana»


El 18 de abril de 2012, el CEC Bogotá tuvo el gusto de contar con el Sr. Federico Sarmiento como conferencista en torno al tema «Deporte y Vida Cristiana» en el Centro Pastoral Nuestra Señora de Chiquinquirá. El Sr. Sarmiento, de nacionalidad peruana, ha sido deportista en múltiples disciplinas, incluyendo el judo profesional; lleva seis años viviendo en Colombia y en el último tiempo ha trabajado como Gerente General de Adidas en el país.

Sr. Federico Sarmiento, Gerente General de Adidas Colombia

Sr. Federico Sarmiento, Gerente General de Adidas Colombia

La conferencia tuvo como eje principal una serie de citas del Magisterio de la Iglesia Católica respecto al deporte. Las citas, reunidas por el Sr. Sarmiento a lo largo de sus años como deportista y empresario, ofrecieron una rica reflexión de la Iglesia en torno al tema del cuerpo y la cultura del deporte en el mundo. Junto con múltiples referencias a la Teología Paulina (donde son frecuentes las analogías entre las exigencias de la vida deportista y la vida espiritual), la vida de los santos y a los esfuerzos de los Papas  por reflexionar e iluminar el mundo del deporte desde la fe, el Sr. Sarmiento dio a su vez un testimonio de profunda alegría ante la inmensa cantidad de respuestas y de apoyo que ha descubierto en la Iglesia tanto para su vida deportista como para su despliegue como profesional. Junto con sus propias reflexiones y experiencias, la conferencia terminó con una breve síntesis de la historia de Adidas y de algunos valores que, en consonancia con lo reflexionado previamente en torno al Magisterio de la Iglesia, dicha empresa ha buscado promover a lo largo de su historia.

Aún cuando el deporte tiene un lugar prominente en la cultura contemporánea, en realidad son los últimos 130 años los que han sido testigos de un particular desarrollo cultural en torno a la vida del deportista, en especial a través de los Juegos Olímpicos y el mundo del fútbol profesional.

El juego, compartía Sarmiento, tiene, sin embargo, raíces muy antiguas en la estructura antropológica de la humanidad, evidenciándose en rastros arqueológicos y en las necesidades que se iban presentando no solo de juego pedagógico entre los niños sino de movilidad (lo que llevó a la natación, a las primeras caminatas, etc.) y de múltiples oficios que implicaban algún esfuerzo físico.

Curiosamente, en sentido estricto –haciendo una excepción con el desarrollo de las artes marciales en oriente y el culto al cuerpo masculino en la Grecia Antigua– eran pocos quienes en la antigüedad se dedicaban por completo al deporte. Es solamente con la llegada de la Industrialización del siglo XIX que Occidente genera el tiempo libre y los medios de producción suficientes para el surgimiento de la vida del deportista. Quizás por ello, entre otras cosas, las reflexiones papales en torno al deporte solamente ven la luz a la par con la llegada del siglo XXI.

De entre los Santos Padres escogidos para las reflexiones, el Sr. Sarmiento habló sobre todo del Magisterio de Pio XII, Juan Pablo II y de Benedicto XVI – tres pontífices de perfiles completamente distintos, cada cual inmerso en una cultura y en un tiempo particulares pero con una sintonía común en torno a la necesidad de reflexionar acerca del fenómeno del deporte e impulsar sus virtudes desde una visión de fe que reconozca al ser humano de manera integral. Según Pio XII, por ejemplo, el deporte desarrolla el carácter y el valor, enseña a perder con generosidad y a vencer sin presunción. Sarmiento resaltó cómo para el Papa Pacelli el deporte tiene además un profundo valor espiritual, pues no solo educa y fortalece el cuerpo, sino que lo predispone para el servicio del alma de las personas, contribuyendo así a la perfección del hombre y acercándolo a Dios.

Mencionando brevemente a Juan XXIII, se discutió acerca de las verdades y las virtudes cristianas que el deporte desarrolla – entre ellas la obediencia, la humildad, la renuncia, la caridad, el amor de fraternidad, el respeto recíproco, la magnanimidad, el perdón, la castidad, la modestia, la templanza y la prudencia, haciéndose medio para educar al hombre en humanidad. En el caso de Pablo VI, sus intervenciones en torno a la Olimpiada XIX evidencian en el deporte la unión de ideales, a pesar de la diversidad de orígenes, y la armonía y la paz universal entre las naciones como meta última.

El caso de Juan Pablo II es de particular relieve al hablar del deporte, señalaba el Conferencista, pues no solamente su Magisterio ha de tenerse en cuenta, sino también su propio testimonio de vida. El Papa polaco se escapaba con frecuencia a esquiar o a hacer caminatas por los Alpes – era arquero cuando jugaba fútbol en Cracovia, situaciones en las que eran frecuentes los juegos entre cristianos y judíos, y en las que el Papa hacía de conciliador entre los distintos grupos. Como si no fuera suficiente, el Papa Wojtyla practicó el cayac, el alpinismo… «aún siendo Papa, era un santo deportista», apuntó Sarmiento. Es durante su pontificado que se forma la sección Iglesia y Deporte como parte del Pontificio Consejo para los Laicos con miras a la orientación de la utilización del deporte como medio para el apostolado –para «cristificar el deporte», en palabras de Sarmiento– y se le encargan cinco tareas principales:

  1. Ser punto de referencia en la Iglesia para las organizaciones deportivas
  2. Sensibilizar a las iglesias locales sobre la atención pastoral de las realidades deportivas
  3. Favorecer una cultura del deporte que promueva la actividad deportiva como medio del desarrollo integral de la persona
  4. Proponer el estudio de temáticas relacionadas con el deporte
  5. Suscitar testimonios de vida cristiana entre los deportistas

 

Finalmente, y aunque desde un perfil distinto, Benedicto XVI se sumó a la lista de Pontífices apoyando el desarrollo del deporte en la Iglesia, reuniéndose con personalidades deportivas y animando a los diversos grupos y equipos que han buscado su apoyo e inclusive siendo influencia para la conversión de muchos de ellos. El Papa ha ayudado también acentuando la comprensión del fenómeno desde una reflexión centrada en la atracción contemporánea del fútbol profesional. El entonces Cardenal Ratzinger hacía una reflexión en 1985 con su artículo El Juego y la Vida acerca del campeonato mundial. Ante las millones de personas cautivadas en lo que es el evento más multitudinario y más televisado en la historia de la humanidad, es evidente que se toca algo radicalmente humano – desglosando el texto, el Sr. Sarmiento compartía cómo el juego «fascina como expresión del anhelo por la vida en el paraíso, una vida de satisfacción sin fatigas y libertad plenamente realizadas. Es el contenido del concepto del juego, que es todo libre, sin objetivos ni obligaciones, que tensa todas las potencias del ser humano. Según Ratzinger, el juego es tratar de volver a la vida paradisíaca, libre de lo que se muestra como necesario. El juego trasciende lo cotidiano, y en el niño, lo ejercita para la vida, que el juego mismo simboliza por su carácter libre.

La fascinación del fútbol se da cuando reúne las dos cosas, obligando al hombre a disciplinarse para el señorío sobre sí, y por otro lado, la superioridad que ello implica, la libertad. Se ordena, además, lo propio dentro del conjunto, uniendo a los hombres en torno al objetivo común y al resultado».

Es clave, entonces, cristificar el deporte orientándolo al bien para desarrollar las posibilidades del hombre que apuntan a su felicidad y santidad, pues de otra manera se podría utilizar no para bien sino para mal. Para el conferencista, en general, el Magisterio de la Iglesia se expresa muy positivamente del deporte, entendiéndolo como una de las muchas actividades humanas (como las artes) donde la humanidad del hombre se expresa.

* * *

La conferencia terminó, a manera de testimonio, con una síntesis de la historia de Adidas y lo que ha implicado para el Sr. Sarmiento el poder trabajar en un espacio acorde con sus propias convicciones y visión cristiana del ser humano. La historia de Adolf Dassler (1900-1978) en su primera y rudimentaria fábrica de zapatos se enlaza con la historia de la humanidad en el siglo XX y sus dos guerras, pero también con las épicas narraciones de personalidades del mundo del deporte como Jesse Owens (atleta de raza negra ganador de cuatro medallas de oro en los Olímpicos de Berlín en 1936, en pleno gobierno Nazi), Emil Zátopek, el Das Wunder von Bern  (el «Milagro de Berna») de 1954, entre otros. Hacer un mundo mejor, jugar un papel relevante, hacer amigos a los enemigos, hacer que las barreras desaparezcan, mostrarnos de lo que somos capaces… todas son frases que Adidas ha impulsado a lo largo de su historia y que aún hoy busca promover tanto en sus productos como en los deportistas –los llamados «embajadores de Adidas»– que la empresa busca promover como modelos de autenticidad, apasionamiento, innovación e inspiración para las siguientes generaciones.

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