Vladimir Jukl (1925 – 2012): El “General de la Iglesia Clandestina”


El pasado 1ro. de mayo falleció en Bratislava, a los 87 años de edad, el sacerdote eslovaco Vladimir Jukl. Aunque puede resultar poco conocido para muchos de nosotros,  el padre Jukl fue un personaje muy reconocido en Europa del centro y del este, sobre todo en Eslovaquia, su país natal. Durante varias décadas fue la figura central de la resistencia católica contra el fascismo y el comunismo.

Vladimir Jukl tuvo la experiencia personal de conocer desde dentro la realidad del abuso y la arbitrariedad del poder, pues, vivió desde su juventud la persecución y la opresión injusta de dos de las más grandes tiranías que ha conocido el mundo contemporáneo, llamadas por el Beato Juan Pablo II, en su libro “Memoria e Identidad”,  las “Ideologías del mal”. Primero llegó el nazismo, quien implantó los perversos programas de su ideología, inspirada en presupuestos inhumanos, luego, al terminar la segunda guerra mundial, vino la dictadura comunista, que se propagó como un cáncer en medio de diversos países de Europa central y oriental, sometiendo a diversas naciones a la ideología marxista. Los métodos que ambas ideologías del mal usaron para doblegar a sus contradictores son por todos conocidos: cuando no recurrieron al exterminio físico, utilizaron la destrucción moral, conculcando derechos, presionando y torturando hasta “quebrar” al opositor.

Sin embargo estas dictaduras establecidas al otro lado de la “cortina de hierro” no lograron ahogar el anhelo de libertad de los pueblos subyugados. En varias de las naciones sometidas surgieron diversos movimientos que con valentía resistieron y enfrentaron al régimen despótico. En Polonia, por ejemplo,  nació  y se consolidó el movimiento sindical “Solidaridad”. En Eslovaquia resultó muy importante el papel de Vladimir Jukl, llamado por los suyos,  el “general de la Iglesia clandestina”, y quien por su tenacidad y valentía logró convertirse en una de las principales figuras de la resistencia (primero ante el fascismo alemán) y luego ante el comunismo.

El padre Jukl nació en Bratislava el 19 de abril de 1925, hijo de padre checo y madre eslovaca. En 1946 entro a formar parte de la acción católica y a desarrollar un intenso apostolado juvenil, por esta razón fue detenido durante muchos momentos de su vida. En 1948 el régimen comunista comenzó,  poco a poco, pero sistemáticamente la persecución contra la Iglesia católica en Eslovaquia. Dicha persecución no fue solamente contra los miembros de la jerarquía o contra los sacerdotes, sino que también buscaron detener a los laicos activos en el apostolado. En 1951, cuando contaba con 26 años, Vladimir  fue encarcelado y después de ser torturado y de pasar 10 meses de confinamiento solitario fue declarado culpable del delito de alta traición y condenado a 25 años de cárcel. En 1965 Jukl fue puesto en libertad condicional; el régimen pensó que ya lo tenía doblegado  y por otro lado, que les convendría políticamente, pues, este acto sería bien visto en el mundo occidental. El líder juvenil católico había pasado  13 años y 6 meses recluido en una injusta prisión.

Meses más tarde, desafiando los cálculos políticos de sus perseguidores y apoyado por su obispo, fundó los primeros círculos de la Iglesia clandestina, conformados en su mayoría por estudiantes universitarios de Bratislava. La Iglesia clandestina, se convirtió en el ancla que ayudó para que muchos jóvenes eslovacos permanecieran inconmovibles y fieles a sus tradiciones culturales y a su fe. En 1971, también de manera clandestina, debido a la continua persecución y prohibiciones del régimen,  fue ordenado sacerdote. Algunos años después, en 1974 fundó el movimiento “Fátima” cuyo principal objetivo era la proclamación del Evangelio en la Unión Soviética así como la difusión de literatura censurada y prohibida. Durante sus años de ministerio sacerdotal alentó mucho el apostolado juvenil y laical. Los frutos de su trabajo son innumerables. A finales de la década de los setenta la Iglesia clandestina alentada por Jukl se extendía por toda Eslovaquia.

Después de la caída del comunismo, el padre Vladimir asumió como redactor de un periódico de la Iglesia Eslovaca y secretario de la conferencia de los obispos.

Hoy, en medio de nuestra sociedad, somos testigos del surgimiento de nuevas tiranías. Sus métodos no son tan crueles como los usados por las tiranías de antaño, sin embargo, aunque “indoloras”, no debemos ceder ante sus influjos. El valiente testimonio del padre Vladimir Jukl nos evidencia que debemos estar siempre en alerta y que, aunque tiene su precio, vale la pena nadar en la dirección contraria a la determinada por las corrientes despóticas.

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