Servidor de Dios y de las almas


Monseñor Alcides Mendoza Castro. Servidor de Dios y de las almas

Después de 60 años de sacerdote y 54 años de obispo, monseñor Alcides Mendoza, primer obispo de Abancay y arzobispo emérito del Cusco fue llamado a la casa del padre el pasado 20 de junio en Lima, donde había había vivido los últimos años de su vida.

El difunto pastor fue obispo más joven en participar en el Concilio Vaticano II, con solo 34 años de edad.

Monseñor Alcides quiso que sus restos fueran trasladados a su amada arquidiócesis del Cusco donde sirvió entre 1983 y 2003. El viernes y sábado, miles de cusqueños participaron de varias misas y rosarios durante todo el día en honor a su memoria. Finalmente el domingo 24, su sucesor, Monseñor Juan Antonio Ugarte Pérez, presidió la misa de sus exequias. El féretro fue trasladado a la Cripta del Señor de los Temblores, donde descansa en un nicho que el mismo Monseñor Alcides mandó preparar.

También en Lima miles de fieles pudieron despedirlo en la parroquia del Sagrado Corazón en Surco, donde el cardenal Juan Luis Cipriani presidió una eucaristía el pasado viernes.

“En tiempos en que el amor a los pobres se había convertido en algunos lugares en opción política, él (Monseñor Alcides) tuvo la hombría y el coraje de defender la identidad católica teniendo varias dificultades en su querida tierra de Cusco. Ahí estuvo con firmeza y con lealtad a la institución de la Iglesia”, dijo el cardenal Cipriani en su homilía.

“El Señor se lo llevó con esa paz y con esa sencillez. Hoy le pedimos que nos ayude al Episcopado a mantenernos unidos, fieles, apostólicos y con esa cercanía al pueblo. No necesitamos hipotecar la Iglesia a ningún otro contenido sino el de Cristo Redentor”, reflexionó el purpurado.

Pequeño catequista en quechua

Monseñor Alcides Mendoza nació en La Mejorada, una pequeña población de la provincia de Huancavelica que hoy se conoce como el distrito Mariscal Cáceres, el 14 de marzo de 1928. A los siete años descubrió su vocación sacerdotal gracias al testimonio de los misioneros redentoristas. Con ellos, el pequeño Alcides viajaba a caballo para enseñar catecismo en quechua a los campesinos del lugar. En 1941 ingresó al seminario menor de Ayacucho, que en ese entonces abarcaba la jurisdicción de Huancavelica.

El obispo más joven del mundo

Fue ordenado sacerdote el 15 de septiembre de 1951 de manos de monseñor Carlos María Jurgens, uno de los redentoristas que inspiró su vocación. En 1958, con sólo 30 años de edad recibió con sorpresa el nombramiento de parte del papa Pío XII como obispo de Abancay adoptando el lema “Con María, la madre de Jesús”.

En 1960 viajó por primera vez a Roma donde tuvo un encuentro personal con el papa Juan XXIII en Castelgandolfo.  Monseñor Alcides contaba que en este diálogo, el llamado Papa Bueno “me dio orientaciones sobre cómo debe ser un obispo y qué cosas hacer. Me repitió lo mismo que mi mamá me dijo cuando me eligieron obispo: «Orienta tu vida siempre por el camino de la humildad. Mientras seas humilde, Dios puede llevarte a muy grandes alturas pero si permites que la soberbia se apodere de tu alma muchas vergüenzas cubrirán tu vida». Fue un encuentro inolvidable que duró dos horas”, aseguró en el libro – entrevista “Al servicio de Dios”, que publicó recientemente Círculo de Encuentro.

Participó de las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II. Su ponencia se refería al uso de la lengua vernácula en la Eucaristía. Fue el primer sacerdote en celebrar una misa en quechua y tradujo el misal a este idioma.

Monseñor recordaba siempre este gran evento eclesial: “Sentí la fraternidad de los obispos, quienes siendo más de 2.500 éramos uno alrededor de Pedro, haciendo como él la unidad del episcopado mundial”, decía.

Pastor de las Fuerzas Armadas

En 1967, pasó a ser vicario castrense del Perú por nombramiento del papa Pablo VI. Sirvió a las fuerzas militares en uno de los momentos más convulsionados por el terrorismo en este país. “Muchos pensarían que el campo militar no es un campo propicio para la siembra del Evangelio, pero la realidad es que es un campo realmente propicio, cultivado con amor, orden, disciplina y unidad. Jefes, subalternos y soldados tienen ansia de la palabra de Dios y qué feliz me sentía de llegar como mensajero de Cristo a todas y cada una de las guarniciones encontrando en los generales verdaderos hermanos y en el personal subalterno, verdaderos hijos”, cuenta el fallecido arzobispo.

El General Brigadier General Carlos Enrique Vergara Ciapciak dijo en el discurso fúnebre durante las exequias de monseñor Alcides: “Hemos perdido un gran hombre, un exponente de grandeza, que vivirá en nuestro recuerdo, nutriendo nuestras almas, con el legado de su acrisolada vida, plena de sacrificio y trabajo, guiando a todos en el sendero de la cristiandad”.

El general Vergara aseguró que el al arzobispo fallecido: “fue oficial ejemplar, mezcla de fuerza y amor. Fue un activo soldado de la fe, un oficial ejemplar, que siempre mantuvo en su carrera militar y religiosa un elevado sentido de responsabilidad, honestidad y abnegación, entrega, virtudes que lo hicieron merecedor de la estimación de sus subordinados”, dijo.

Obispo en la antigua capital de los incas

En 1983 recibió su última misión como obispo en ejercicio: La arquidiócesis del Cusco donde permaneció hasta 2003 donde le fue aceptada su renuncia por límite de edad. Allí recibió dos importantes visitas: la del hoy beato Juan Pablo II, quien le impuso el palio arzobispal en su propia diócesis y la del entonces cardenal Joseph Ratzinger en 1987.

Monseñor Alcides cuenta que la visita del Santo Padre a esta arquidiócesis, “dejó un florecimiento de piedad mariana y un camino abierto a las vocaciones sacerdotales. (…) Hasta el día que salí de Cusco, en diciembre de 2003, el lugar donde estuvo el templete para la visita del Papa era considerado como un lugar sagrado al que la gente iba en peregrinación para venerar la cruz monumental que habíamos puesto con motivo de su llegada”, dijo el arzobispo.

En las diferentes diócesis donde estuvo fundó importantes obras sociales como escuelas para ciegos, para sordomudos, asilos de ancianos, orfelinatos, centros de rehabilitación, entre otras. También llevó a diferentes comunidades religiosas, tanto de vida contemplativa como activa.

En 2008, cumplió 50 años de misión episcopal y el 7 de junio del mismo año el entonces presidente del Perú, Alan García, lo condecoró con la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos en el Grado de Gran Cruz. “Como un San Pablo original [monseñor Mendoza] ha caminado por todos los rincones de la patria llevando una palabra siempre evangélica y, al mismo tiempo, una palabra de esperanza”, dijo el hoy ex presidente peruano, quien estuvo presente en la misa presidida por el Cardenal Cipriani.

Monseñor Alcides se caracterizaba por su jovialidad y buen humor. También por su piedad filial a María, su amor a la Iglesia y por su sabiduría en medio de su sencillez. Vivía retirado en la localidad de Chaclacayo, muy cerca a Lima donde brindaba su atención pastoral en diferentes áreas.

Igualmente, la Eucaristía era para él otro de los grandes pilares de su vida. Celebraba diariamente misa en su capillita privada en Chaclacayo. Sólo en momentos de grave enfermedad dejaba de hacerlo.

Decía que la humildad era “el escudo de mi defensa” y la oración que más repetía era el Magníficat. Guardaba en su corazón y compartía siempre las enseñanzas que tanto su madre como sus principales formadores le daban sobre esta virtud.

Padeció de cáncer durante más de 30 años. “Todo este tiempo de dolor supo sobrellevarlo con una sonrisa, hasta con bromas, que parecía esa era su propia terapia”, dijo monseñor Israel Condorhuamán, vicario general de la arquidiócesis del Cusco en la homilía durante la misa de exequias.

Monseñor Alcides decía que si tuviera que volver a nacer, volvería a elegir el camino del sacerdocio, y aseguraba que lo que más amaba de su vocación era “el gozo de sentirme íntegramente dado al Señor para comunicarlo y darlo a los demás. Sentirme con tanto poder como para tenerlo todos los días entre mis manos y así dar consuelo al moribundo, abrir las puertas de la vida cristiana a niños y adultos en el bautismo, ser pregonero de la voz del Señor. En una palabra, soy feliz de ser sacerdote”.

Para más datos sobre monseñor Alcides, ver la publicación AL SERVICIO DE DIOS

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: