Felicidad y experiencia artística: Entrevista a Marcelo Rodriguez Y.


Por Sebastián Correa.

Estamos en un mundo donde la tecnología parece marcar el ritmo del tiempo y también fijar ciertas tendencias que sellan la vida de las personas. Marcelo Rodriguez, luego de estudiar 3 años derecho, decidió hacer un cambio radical en su vida y estudiar algo un tanto inusual para nuestro tiempo: Artes Escénicas. En la Actualidad es director de Teatro Convivio: grupo artístico de jóvenes que buscan una transformación cultural en la sociedad a través de las artes escénicas.

1.-Hola Marcelo… Cuéntanos un poco de ti. ¿Cómo un joven egresado del Colegio Humboldt de Lima, decide dedicarse al teatro…?

Bueno los alumnos del colegio Humboldt, al menos los de mi generación, teníamos una cercanía muy estrecha con el mundo del arte. Yo caí en el teatro a los 13 años porque vi una obra en el colegio que se llamaba “La Jaula en el Árbol” y me cautivó la historia, la actuación tan convincente de compañeros mayores que yo, la expresividad, la magia del escenario e inmediatamente pensé: yo también quiero estar ahí. Así que cuando se volvió a abrir una convocatoria me presenté. Ahí conocí a la directora del teatro, se llamaba Isabel Jiménez de Cisneros y era una actriz y soprano española que había hecho una carrera en Alemania y había llegado al Perú porque se casó con un director de orquesta peruano. Ella dirigía el teatro desde finales de los años 70’ y lo dirigía “con mano de hierro” literalmente. De ella aprendías no sólo la técnica vocal y física sino el amor y respeto por el teatro, la entrega, el sacrificio y también una férrea disciplina a la hora de ser puntual, aprender tus parlamentos, esperar tu turno, hacer silencio, soportar las repeticiones en los ensayos, etc. Fui parte del teatro del Humboldt desde I de media hasta que salí del colegio luego del Abitur (bachillerato alemán) e incluso actué en dos obras más en papeles pequeños como ex alumno. En el colegio actué obras de Shakespeare, Goethe, Wilde, Brecht entre otros e incluso nos fuimos de “gira” a un festival de teatro entre colegios alemanes de Sudamérica que fue en Chile. Por todo esto puedo decir que mi amor por el teatro nació en el colegio y gracias a Isabel. Incluso hay muchos ex alumnos del Humboldt que son actores, directores y productores dentro del medio teatral de Lima e incluso en USA y Alemania.

Pero a pesar de esto yo empecé estudiando derecho. En ese momento no veía la carrera de teatro como una opción profesional porque tenía otros horizontes en mi vida, quería ganar mucho dinero, tener un trabajo seguro y vivir tranquilo, feliz y sin preocupaciones aunque tenía la idea de  ingresar al cuerpo diplomático y dedicarme a la promoción cultural en alguna agregaduría. Estudié derecho tres años y seguí vinculado al teatro en pequeñas obras que escribía o en las que actuaba ocasionalmente.

Pero no fue hasta que ingresé como aspirante al Sodalitium Christianae Vitae que entré en contacto con lo más profundo de mí. En un proceso de conocimiento personal descubrí mis anhelos más profundos, mis dones, lo que me hacía realmente feliz y empecé a entenderme como artista. Empecé a entender que yo tenía una vocación de servicio, de entrega muy grande y que antes no había entendido el arte de esa manera. El arte y mi vida cristiana encontraron de pronto una vinculación muy estrecha y empecé a intuir que dentro del plan de Dios para mi vida estaba contemplado que yo me dedicara al arte. Fue entonces que tomé una decisión muy difícil que fue abandonar la carrera de derecho luego de 3 años e ingresar a Artes Escénicas, pero ahora puedo decir que, a pesar del miedo e inseguridad que me causó tomar esa decisión, fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

2.- Con el mundo del cine, youtube, redes sociales, y tantas otras nuevas “plazas” donde miles de personas acuden para desarrollar sus dones artísticos, relacionarse mutuamente, y apreciar las artes audiovisuales, ¿podríamos predecir que se acerca la muerte del teatro?

Para nada. Yo creo que cada arte va abriéndose espacio dentro del mundo de las nuevas tecnologías y los nuevos “lugares” de encuentro del mundo. El teatro mismo lo ha hecho, hay teatro televisado, teatro en las calles, teatro que hace uso de herramientas audiovisuales, etc. El teatro no es una especie de fósil atrapado en otra época, el teatro tiene un mensaje que trasciende las épocas y los lugares, siempre y cuando sea un mensaje profundamente humano.

Pero hay algo importantísimo que hace único al teatro y ha hecho que “sobreviva” al cine con su masividad, a los efectos especiales que deslumbran a los espectadores y a la comodidad de la televisión o del DVD en casa: es el elemento ritual del teatro. En el teatro no ves un registro, una historia que sucedió en el pasado y fue grabada para que tú la veas. En el teatro tú ves la historia viva, ves la vida pasar frente a tus ojos; si alguien sufre está sufriendo ahí a pocos metros de ti, si alguien ríe o llora lo hace dentro del mismo espacio donde estás tú, respirando tu mismo aire. En el cine uno tiene una especie de “control” sobre la realidad, sabes que estás frente a una pantalla, la puedes apagar en cualquier momento, es un registro audiovisual.

En el teatro estás frente a personajes vivos, no los controlas porque están ahí viviendo frente a ti. Esto hace que de alguna manera el teatro te comprometa más, no eres un simple espectador, tú participas de la realidad que está ante tus ojos o, muchas veces, al alcance de tus manos.

Marcelo con un grupo de jóvenes artistas en el Teatro Nacional Incluso hay muchas obras que se desarrollan con la participación del público y los personajes hablan con el público, le exponen ideas y la obra va adquiriendo otros ritmos, o incluso significados más profundos de acuerdo a las reacciones del público (risas, llantos, gritos de asombro, de susto y hasta protestas). He aquí el carácter ritual del teatro, de hacer presente, de hacer que “vuelva a pasar” un suceso o una historia.

3.- Para ti, ¿cuál es la relación entre el teatro y la antropología?

El teatro cuenta historias y esas historias son sobre personajes que son seres humanos. Incluso las historias teatrales sobre animales o sobre elementos o abstracciones tienen un sustento humano, son personajes humanizados.

Desde la dramaturgia (el arte de escribir obras de teatro) uno se debe preguntar por la vida humana antes de escribir, sobre  algo de la propia vida que me interese contar o compartir.

En el teatro uno se pregunta: ¿cómo sería si una madre tiene que convencer a su esposo de que no sacrifique a su hija a los dioses? ¿Cómo podría un personaje mantener intacta su virtud ante las más terribles injusticias? ¿Dónde empieza la corrupción interior de una persona? Estas y otras muchas preguntas más son el punto de partida de obras teatrales de ayer y de hoy. Muchos dramaturgos dicen aprender un poco más sobre el ser humano, sobre la vida y sobre sí mismos al escribir teatro, pues entran en contacto con elementos fundamentales de la propia existencia humana.

Desde el punto de vista del intérprete (el actor), el carácter antropológico del teatro pasa a un plano totalmente personal. La labor del actor es la de darle vida a los personajes y a la historia que, hasta ese momento, no son sino letras en un papel. Para esto el actor pasa por varias etapas: debe estudiar cuidadosamente la obra, entender toda la riqueza de la vida humana que descansa (como la base de un iceberg) debajo del texto mismo, luego debe entender la voluntad que rige a su personaje (qué quiere lograr en la obra, para qué, por qué dice o hace esas cosas), empezar a encontrar imágenes de la vida real que los ayuden a comprender mejor a esta otra “persona real y viva” en la que se va convirtiendo su personaje para luego empezar a darle forma en su propio cuerpo y con su propia voz. A medida que se desarrollan los ensayos el actor va descubriendo cómo piensa su personaje, que criterios guían sus decisiones y también su mundo emotivo, cómo siente, con qué intensidad. Y así, poco a poco, el actor va  entrando en lo más profundo de su personaje, en su espíritu, es como si otra persona te hubiera abierto poco a poco su corazón, hasta que llegas a entenderlo íntimamente, conectas con sus pensamientos, sus sentimientos, sus anhelos y eso hace posible que seas capaz de “darle vida” a un personaje, verbo que parece ser sencillo pero que no lo es en absoluto.

4.- El Beato Juan Pablo II, insistía que una fe que no se hace cultura, es una fe no plenamente vivida… ¿Cómo cristiano, cómo buscas vivir esto en el teatro?

Me parece un reto enorme pero a la vez entusiasmante.

Yo creo que para hacer un verdadero cambio en la sociedad, en el mundo, se debe cambiar primero la forma en la que el mundo piensa, los criterios por los que se rige, los valores que guían su conducta, la forma en la que el mundo se entiende a sí mismo. Esto es un cambio cultural. Pero ese cambio, esa evangelización de la cultura, debe empezar con la evangelización de mi propia cultura, de la cultura de mi propia vida. Esto plantea un reto muy grande al artista (sea pintor, músico o actor) de “ser” antes de “hacer”.

El arte tiene una fuerza increíble, llega a profundidades de la persona que creo que un discurso o un texto no pueden llegar. Hay canciones que han marcado a una generación, hay cuadros que han resumido la forma de pensar de millones de personas y se han convertido en sus banderas, hay películas que han significado un cambio en la vida de muchas personas, etc.  El artista tiene entre sus manos un poder muy grande, un don entregado por Dios para hacer el bien, para contribuir a que muchos otros entren en contacto con su propia humanidad. Pero este don puede ser usado irresponsablemente; un artista puede ser capaz de transmitir su propia crisis personal, su confusión, sus ideas erradas a través del don artístico y puede terminar haciendo mucho daño a otras personas. Yo creo que ese “don que es la vocación artística” (como decía el Papa Juan Pablo II en su carta a los artistas) debe ser usado a imagen de quien entregó ese don, Dios creador, que es también un artista, más bien el artista por excelencia que crea de la nada, que todo lo que crea es bueno y sobre todo crea por amor.

Cuán grande sería el impacto en el mundo si más artistas entendieran el sentido auténtico de su propio don. Ese sería un verdadero cambio cultural, pues es innegable la influencia que ha tenido y tiene el arte en la cultura humana.

5.- Una de las características de tu trabajo es la promoción del teatro de jóvenes… ¿Por qué esta apuesta?

Marcelo presentando al elenco de la obra: "Notre-Dame de París"

El trabajo con jóvenes es algo que empezó siendo una retribución. Yo mismo, a los 18 años, descubrí un sentido mucho más grande y apasionante de mi propia vocación artística cuando fui parte de Teatro Convivio, el proyecto artístico que ahora dirijo. A partir de ahí fui consciente de muchos vicios que había ido adquiriendo con los años al hacer teatro: vanidad, autosuficiencia, egoísmo y los contrasté con las nuevas experiencias que había descubierto que me hacían feliz a través de la experiencia artística: la verdad, el servicio, el donarse a sí mismo. A partir de ahí le abrí las puertas a Dios en mi propia vida y decidí que mi vida sólo iba a tener sentido si vivía una vida cristiana auténtica. Así que unos años después me propuse encargarme de este proyecto y poder darle la oportunidad a otros jóvenes como yo de encontrarse con Dios, con la verdad de esa vocación artística y de empezar a hacer un cambio en muchos otros jóvenes.

El resultado es que sigo dirigiendo Teatro Convivio desde hace 6 años y con la gracia de Dios hemos estrenado montajes muy grandes y difíciles, hemos avanzado en nuestra técnica de actuación y en la producción de nuestras obras, más de 5 000 personas han visto nuestros montajes y, lo más importante, hemos ido descubriendo qué es lo que Dios quiere de nuestro trabajo y el horizonte que nos presenta.

El próximo año, si Dios quiere, estaremos viajando a la JMJ de Río de Janeiro a compartir con los jóvenes del mundo lo que vivimos y hacemos en Teatro Convivio con una obra inédita, escrita para nosotros por el dramaturgo más importante del Perú.

Toda esta experiencia ha sido el punto de partida para que algunos jóvenes actores de Teatro Convivio decidan estudiar una carrera artística o alguna carrera afín, entrando a escuelas profesionales con una visión mucho más profunda de lo que el arte es y la misión a la que están llamados los artistas del mundo.

El trabajo con los jóvenes es un sembrar, porque lo más probable es que no se vean los frutos de ese trabajo pronto, pero esos jóvenes artistas, serán los artistas profesionales dentro de algunos años y promoverán un arte basado en el bien, en la verdad, en la belleza, en la reconciliación, que tanta falta le hacen al mundo.

Incluso los que estudien otras carreras, tendrán criterios suficientes para reclamar de los artistas un arte auténtico, con sentido y así, poco a poco, con nuestro trabajo constante (y el de muchos otros artistas) y, sobre todo, con la acción de Dios, el sueño de transformar la cultura actual será finalmente una realidad.

Sobre Marcelo:

Egresó de la Escuela de Formación Actoral de Ópalo, de Jorge Villanueva. Actualmente es alumno de 9no ciclo de la especialidad de Artes Escénicas de la PUCP. Ha llevado cursos de actuación con Alberto Isola, Luis Peirano, Bertha Pancorvo y Alejandra Guerra; cursos de expresión oral y corporal con Teresa Ralli; cursos de Dramaturgia con Alonso Alegría; cursos de Dirección con Gustavo López y Alfonso Santisteban y cursos de Performance, Lucha Escénica y Cuenta Cuentos. Desde el año 2007 dirije Teatro Convivio, un grupo artístico con jóvenes que buscan una transformación cultural en la sociedad a través de las artes escénicas. Enseña desde el año 2009 Actuación en el colegio San Pedro y desde el año 2012 Historia del Arte.

También dirije el proyecto “Talent Show” de los colegios Villa Cáritas y San Pedro que consiste en talleres de actuación, música, canto y danza para luego poner en escena un montaje teatral con la participación de más de 100 alumnos.

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