La trascendencia en Mark Rothko


Conferencia dictada en la Universidad Católica San Pablo, Javier Rodríguez Canales. Arequipa 2012.

Contemplar la obra de Rothko (1903-1970) es ponerse ante un verdadero desafío estético. Nuestra primera impresión puede ser la de encontrarnos frente a simples cuadrados de colores que hubieran podido ser realizados por cualquier aficionado. Sin embargo, son pocos los que saben que a Mark Rothko le tomó cerca de 20 años llegar a ese nivel de abstracción.

Actualmente sus obras están en los museos más famosos del mundo y algunas están valoradas en más de 80 millones de dólares. Todo esto nos pone ante algunas preguntas de fondo; ¿Qué importancia puede tener una obra con tales características para el hombre de hoy? ¿Es realmente un pintor con profundidad o un producto más del mercado?

Tengo que reconocer que la obra de Rothko me pareció enigmática desde la primera vez que la vi. El arte no figurativo no era algo que me llamara particularmente la atención, por ello sentí el impulso de precisar que era lo que me suscitaba esta obra con tanta intensidad.

Hace unos años hice un experimento muy interesante; escogí varias fotos de pinturas y se las mostré a un grupo de universitarios, la idea era ayudarlos a experimentar el arte y a percibir con mayor claridad su interioridad. Cuando les mostré la obra de Rothko titulada “Azul”, los estudiantes me dijeron que la imagen les suscitaba básicamente dos emociones; “miedo y muerte”. Seguidamente comenté que el autor había terminado sus días trágicamente cortándose las venas en el baño de su taller. Todos se miraron entre sí entre sorprendidos y asustados.

Un tiempo después un amigo me prestó un libro donde se podían apreciar unas hermosas fotografías de los cuadros de Rothko. Gracias a la calidad de las fotos pude darme cuenta que los cuadros eran una superposición de colores casi transparentes y que por ello producían un efecto de profundidad y de vida latente. Sin embargo, todavía percibía que algo se me escapaba de entre las manos…fue entonces que comprendí que la única manera de conocer mejor la obra de Rothko era pintando uno o varios Rothkos, así que aproveché el requerimiento de un cliente para pintar tres Rothkos de gran formato. Si bien puedo decir que fracasé, dado que no logré el efecto deseado, destaco que de esa experiencia capté dos cosas; que el color puede envolvernos y hacernos experimentar como la vida late en nuestro interior y que la experiencia estética que implica la ejecución artística exige necesariamente una disciplina y unos movimientos corporales muy armónicos.

La otra experiencia que tuve relacionada con este pintor sucedió en febrero de este año (2012). Las visitas a los museos siempre han sido para mí enriquecedoras, pero al mismo tiempo, extremadamente agotadoras, supongo que la razón de este agotamiento responde a la exposición personal ante la densa interioridad de muchos artistas juntos que interpelan intensamente. Sin embargo, en esta visita sucedió algo diferente. En una de las salas había un conjunto muy interesante, si la memoria no me falla, allí estaban De Kooning, Bacon, Picasso, y otros más, pero en la pared principal estaba la tela de Rothko titulada “verde sobre morado”.

Mientras que los otros cuadros me generaban una sensación de movimiento, esto es, de personalidades que se acercaban y se expandían ante mí obligándome a retroceder en mi interioridad, el cuadro de Rothko me atraía y sugería apagar todas mis emociones más superficiales para concentrarme en la experiencia de estar frente a una presencia. Pasaron 15 o 20 minutos… sabía que tenía solamente 2 horas para visitar un museo muy grande, sin embargo no pude levantarme de la banca. Recién a la  media hora me fui, pero luego de un rápido recorrido, regresé a sentarme nuevamente otros 20 minutos ante un cuadrado verde sobre un fondo morado. Una vez más constaté que Rothko era un verdadero misterio para mí.

¿Qué buscaba Rothko en sus cuadros? Esa es la gran pregunta. Según sus propias palabras, este artista intentaba experimentar la vida sin intermediario alguno; “Se trata de expresar las emociones humanas más elementales. La tragedia, el éxtasis, la fatalidad del destino”.

Es bien sabido que Rothko era un asiduo lector de Nietzsche, por ello, su interpretación del mundo y en especial de la vida, guardaba cierta coherencia con las ideas del pensador alemán. Según este filósofo vitalista, en el hombre habrían dos principios; el apolíneo y el dionisiaco (Apolo era el dios de la verdad y la belleza mientras que Baco del vino y del desenfreno). El primero representaría el orden y la belleza mientras que el segundo, una fuerza brutal, un deseo de gozar de la vida sin límite alguno y que busca salir a flote a costa del primero. De los años que llevo viviendo en el mundo del arte, no me queda la menor duda que el arte contemporáneo está inspirado en buena parte por las ideas de Nietzsche y de Hesse, en especial por ese principio de buscar en el interior lo supuestamente auténtico del hombre que, según esta mirada, sería una fuerza vital irracional frente a la cual solo queda dejarse llevar ilimitadamente. No son pocos, los que atraídos por esta visión, eligen abandonarse a sus “demonios interiores”.

Con respecto a esto, vemos en Rothko una cosa muy precisa, la vida no viene de afuera de los cuadros sino desde adentro. Tal vez aquí esta la relación con Nietzsche y su opción por lo dionisiaco. Los cuadros laten, unos se expanden y otros se contraen, como declararía el mismo autor; “Quizá haya notado que en mis cuadros existen dos características: bien se trata de superficies expansivas que se dilatan hacia el exterior en todas direcciones, o bien de superficies que se contraen o retraen hacia el interior en todas direcciones. Entre estos dos polos encontrará todo lo que tengo que decir”.

Si bien esto es así, tengo la impresión que no podemos concluir que Rothko fue un simple divulgador de la filosofía de Nietzsche y eso lo constatamos en las diferentes aproximaciones que ambos manifiestan frente a la trascendencia y a la religión. Frente a la trascendencia, de lo poco que he leído, entiendo que Nietzsche siente una grave tensión interior suscitada por las exigencias de la moral cristiana (entiéndase principio apolíneo), dicha tensión lo oprime y al mismo tiempo, al modo de un arco vigorosamente cargado, lo lanza más allá de Dios y de la ética. Se trata de una trascendencia contra Dios cuyo resultado final es el súper hombre, un ser entregado a un goce sin límites de la vida y capaz de eliminar a todos aquellos que se le opongan. Por ello, para Nietzsche la religión no es un simple obstáculo sino un verdadero enemigo y en especial el Apóstol San Pablo sería el maligno brujo genial que inventó todo el edificio moral cristiano que sojuzga al mundo (se sugiere la lectura de su obra “El Anticristo”). Sólo para terminar con Nietzsche, creo que efectivamente este autor se auto lanzó mas allá de Dios, pero la fuerza del impulso se le acabó y la gravedad del peso de su ser terminó estrellándolo contra el suelo de la locura. Quizá la genialidad del pensador alemán estuvo en volver a unir la estética con la experiencia de la existencia, liberando al arte del academicismo que lo había asfixiado.

Ésta no parece ser la perspectiva de Rothko. Al menos en cuanto a la trascendencia. Recordemos que este artista de origen judío, que había estudiado las Escrituras en una escuela judía, que había leído los clásicos y a los padres de la Iglesia, alguna vez declaró que pintar era para él una experiencia religiosa; “la gente que llora ante mis cuadros vive la misma experiencia religiosa que yo sentí al pintarlos”. Tengo razones para pensar que su idea de experiencia religiosa, seguramente con muchas particularidades, no estaba lejos de lo que literalmente se entiende como “experiencia religiosa”, esto es, el religarse con el fundamento de la vida.

Al final de su carrera, la familia Menil pidió a Rothko 14 cuadros de gran formato, destinados a una capilla que se construiría en función de dichas obras en la Universidad Católica de Santo Tomás de Houston. Quien motivó este proyecto fue el dominico Couturier, dicho dominico también alentó la realización de obras religiosas de artistas como Braque, Matisse, Rouault y Chagall. Lo que sabemos es que el artista, lejos de lanzar diatribas contra la religión, expresó un profundo entusiasmo; “La grandiosidad de todo nivel de esta experiencia y el significado de la tarea en que me han introducido supera todos mis preconceptos, y me enseña a ir más allá de todo lo que consideraba posible para mí. Les agradezco por esto”.

Rothko eligió una planta octogonal, para evocar una fuente bautismal y los cuadros irían alrededor con la intención de generar un espacio sagrado. Actualmente la capilla Menil, funciona como un espacio interreligioso. No es un museo sino explícitamente un lugar de culto donde se mantienen en plena tensión la experiencia artística y la experiencia religiosa. (Ver Antonio Spadaro, S.J. “Un pintor bajo el umbral de la luz”, en Humanitas N. 51).

Hundertwasser hablaba del arte como religión. Considero importante hacer un comentario sobre la relación entre arte y religión. Hace muchos años fui testigo de un caso en el cual un artista trató de llenar sus anhelos más profundos con el arte, dejando de lado la Fe revelada, la Iglesia e incluso la familia, no es de sorprender que el resultado final fuese un rotundo fracaso, al menos al nivel humano. Personalmente pienso que la belleza, expresada a través del arte, no es un fin en sí misma, sino que señala una vocación más rica y profunda, que es el encuentro con el Absoluto. Por otro lado, el Absoluto, en especial en estos tiempos de contaminación por exceso de imágenes banales, se nos hace muy lejano, casi inaudible o invisible. El arte, al ser vida hecha materia, puede ser un puente o mejor dicho, una ventana que nos introduce en los umbrales de una vida profunda llena de significado donde vibra la voz de Dios. Tengo la impresión que Mark Rohtko rozó dicho umbral, por ello, para mí su obra sigue latiendo misteriosamente hasta el día de hoy.

Javier Rodríguez Canales

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Un Comentario

  1. Muy bueno el artículo, me ha ayudado a entender un poco más el arte abstracta. También me ha animado a conocer un poco más la obra Rothko. Gracias por haber compartido tus reflexiones!

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