Los teólogos de la liberación que perdieron el tren de la historia


Por Alfredo Garland B.

Con gran estruendo verbal algunos veteranos militantes de la teología de la liberación se aprestan a celebrar un encuentro, del 7 al 11 de octubre, en la localidad brasileña de San Leopoldo, Río Grande do Sul. El temperamento de la reunión ha sido destacado por Leonardo Boff, un disidente del catolicismo, quien ha denunciado una supuesta “voluntad persecutoria del Vaticano”. Boff alega que se habrían ejercido presiones para frenar la conferencia patrocinada, entre otras entidades, por el Colectivo Amerindia y el Instituto jesuita “Humanitas Unisinos”.

Entre la lista de ponentes aparecen antiguos militantes de la teología de la liberación, como el español Jon Sobrino, Ermanno Alegri, de la Agencia Adital, y el citado Boff. Reflejando consignas propias a la “Iglesia Popular”, Alegri reveló que la reunión se centrará en “elaborar una agenda teológica para el futuro que nos lleve a abrirnos a un Dios vivo y libre, contrario a la visión de un Dios preso de dogmas, ritos, normas morales y patriarcalismos”.

Según los organizadores la presunta “oposición” vaticana habría surgido por la ocasión elegida para el encuentro brasileño. El 7 de octubre se inaugurará en Roma la asamblea del Sínodo de los Obispos, que se iniciará con una celebración eucarística en la Plaza de San Pedro y tendrá como tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Aquel día también comenzarán las sesiones de la reunión de San Leopoldo, conmemorándose el 40 aniversario de la publicación del discutido libro del peruano Gustavo Gutiérrez, “Teología de la Liberación. Perspectivas”.

Gustavo GutiérrezPero los teólogos “liberacionistas” andan muy descaminados al creer que el congreso leopoldino perturbará la celebración del Sínodo, que reunirá a casi 300 personas: obispos, prelados, sacerdotes, religiosos y líderes laicos que, presididos por el Santo Padre, reflexionarán sobre la transmisión del Evangelio en el marco del Año de la Fe.

Al revisar el programa y releer las conferencias preparatorias de San Leopoldo todo hace pensar que primará la agenda política antes que la teológica o eclesial. Es significativo que uno de los ponentes de dicha reunión, el teólogo brasileño Agenor Brighenti, de la Universidad Católica de Paraná, haya adelantado que la teología de la liberación “está viva y busca identificar nuevos desafíos”, haciéndose necesario “traerla a la plaza pública” (Ver Adital, 16 de septiembre, 2012).

El operativo mediático suscitado por los antiguos militantes de la teología de la liberación obedece, entre otras razones, a la escasa atención que han prestado los medios de comunicación al encuentro de San Leopoldo. En la prensa internacional prima la opinión de que los momentos de impacto de estos teólogos liberacionistas se han visto mermados desde los precisos cuestionamientos del magisterio, los pronunciamientos de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI; las “Instrucciones” de los años ochenta, preparadas principalmente por el entonces Cardenal Ratzinger; el colapso del “socialismo real” a partir de 1989, que desautorizó al marxismo como supuesta “ciencia social”; y el surgimiento de nuevas y dinámicas propuestas teológicas, más acordes con las enseñanzas de la Iglesia y con los anhelos de liberación y salvación integral de los pueblos cristianos. En otras palabras la teología de la liberación habría perdido el tren de la historia.

Leonardo Boff

Leonardo Boff

Sin embargo Boff declaró que “el Vaticano consideraba que con los dos documentos mal escritos sobre la teología de la liberación (refiriéndose a la “Libertatis nuntius” de 1984, y la “Libertatis conscientia” de 1986) enterrarán a los oprimidos”. Estas ofensivas afirmaciones, emitidas el 13 de setiembre último, revelaban cuan certeras habían sido las críticas de dichas Instrucciones, y en qué grado descolocaron a los “liberacionistas”, convencidos de que sus posturas eran las que mejor representaban a los pobres.

¿A que teologías nos referimos?

Cuando se emprendió la revisión de la teología de la liberación no se estaba persiguiendo un “error fantasmagórico”. Existían desviaciones muy reales. La Iglesia había cuestionado aquellas corrientes que adoptaron la temática bíblica de la liberación a la luz de la hermenéutica y el análisis marxista, asumiéndolo como ciencia social. Las llamadas Teologías marxistas de la liberación (TML) relativizaron los principios del materialismo histórico en su propósito de impulsar la denuncia y el cambio radical de las estructuras sociales que juzgaban como injustas.

Para el entonces Cardenal Ratzinger las teologías de la liberación constituían “un fenómeno extraordinariamente complejo”, incluso una “nueva interpretación del cristianismo”, abarcando corrientes que asumían posiciones radicalmente marxistas -las “TML”- (Ver Tierra Nueva, N. 49/50, abril-julio 1984, pp. 95-96).

De acuerdo al Cardenal Ratzinger aquellas teologías que asumían criterios marxistas presentaban “una visión política e ideológica sesgada, que reducía la teología (…) a una suerte de teocracia en la cual Dios prácticamente no jugaba ningún papel, siendo reemplazado por los requerimientos ideológicos del marxismo” (Entrevista con Ed Stourton, BBC, abril de 2005). Ya unos años antes había señalado que las “TML” se habían constituido en “un peligro fundamental para la fe de la Iglesia” (Ver Intervención del Card. Ratzinger sobre la Teología de la Liberación, en la Revista Palabra, junio de 1984).

Jon SobrinoQuizá uno de los más graves errores de las “TML” fue “ideologizar” la redención obrada por Jesucristo, releyendo la salvación cristiana desde la cosmovisión político-marxista. “La redención entre aquellas teologías -explicaba el Cardenal Ratzinger- se transforma en una tarea que los hombres mismos podían, e incluso debían, tomar entre manos y, al mismo tiempo, en una esperanza totalmente práctica: la fe, de teoría, pasaba a convertirse en praxis, en concreta acción redentora en el proceso de liberación” (Encuentro de Guadalajara, México, 1996). De esta forma las “TML” confundieron la salvación cristiana con proyectos políticos que desembocaron en regímenes de mayor opresión.

Los teólogos de la liberación partían, más o menos conscientemente, del presupuesto de que el punto de vista de la clase oprimida y revolucionaria, que sería la suya, constituía un único punto de vista de la verdad. Los criterios teológicos sobre la verdad se encontraron así relativizados y subordinados a los imperativos de la lucha de clases.

El investigador Roberto Oliveros evidenció que “a diferencia de las otras teologías consideradas reformistas, la liberadora instó a entregarse al cambio social revolucionario como parte de la liberación aportada por Cristo” (Ver Liberación y Teología. Génesis y Crecimiento de una Reflexión, CEP, Lima 1977, p. 242).

Los orígenes 

La teología de la liberación de vertiente marxista fue una de las propuestas de lo que el pensador Cornelio Fabro denominó “aventuras de la teología progresista”, surgidas a partir de los años sesenta en Europa, Estados Unidos y América Latina, con corrientes como la “Teología de la Política” o la “Teología de la Revolución”. Sus autores se reconocían “progresistas” porque proponían una teología capaz de impeler un progreso absoluto en todos los órdenes sociales.

Algunas de las primeras propuestas hacia las “TML” datan del año 1968, cuando el teólogo presbiteriano brasileño Rubem Alves presentó una tesis doctoral titulada “Hacia una Teología de la Liberación” inspirada en aires europeos, especialmente en la “teología de la esperanza” del teólogo protestante alemán Jurgen Moltmann. Alves propuso un pensamiento enfocado en la esperanza del oprimido, intentando sintonizar su teología con la situación socio-política de América Latina.

Poco después, en su “Teología abierta para el laico adulto” (1968-1972), el jesuita uruguayo Juan Luis Segundo postuló que la teología “académica”, enseñada y practicada en América Latina, poco o nada tenía que ver con el sufrimiento humano y la opresión en el continente. De allí la necesidad de elaborar una nueva teología desde la situación del pobre. Esta “inédita teología popular” se concretaría en una realidad social y política distinta. Se trataba de impulsar un régimen socialista que despojase a los individuos de la propiedad de los medios de producción, entregándoselos a instituciones más altas, preocupadas por el bien común (Ver Two Theologies of Liberation, en The Month, London, october 1984, pp. 321-27).

En el año 1972 el peruano Gutiérrez publicó “Teología de la Liberación. Perspectivas”, recurriendo al marxismo como mediación analítico-científica de la realidad social. Aquella teología demandaba la politización de la obligación eclesial con los pobres. Gutiérrez definió dicha vertiente como “el compromiso del proceso liberador con el proceso revolucionario que hace entrar a los cristianos en un mundo cultural distinto y les hace vivir una realidad muy diferente, a partir de la cual ellos comienzan a vivir y pensar su fe en categorías distintas. Creo que eso es teología de la liberación” (Ver Teófilo Cabestrero, Conversaciones sobre la Fe, Ediciones Sígueme, Salamanca 1977, p. 129).

¿Teología u otra cosa?

Desde sus inicios la teología de la liberación de vertiente marxista fue propuesta como un nuevo modo de hacer teología porque empleaba una racionalidad científica abierta al análisis social y a la utopía marxista. Para estos teólogos de la liberación aquel análisis representaba una capacidad científica más certera para entender las causas de la pobreza y la postración que aquejaba a las mayorías latinoamericanas. La “TML” abogó por la abertura poco crítica a la ideología marxista, justificada con razonamientos como los del brasileño Luis Alberto Gómez de Souza, quien afirmó que “para la teología de la liberación no existe otra reflexión teórica mejor que el marxismo, que está insertado en la praxis de la realidad” (Entrevista de Vicente Leñero, Diario Exelsior,  México, 22 de agosto de 1975).

El método de Marx fue aceptado como una ciencia de análisis social a pesar de que la ideología marxista cargaba consigo una serie de principios hermenéuticos y éticos inherentes, contrarios a las enseñanzas esenciales del cristianismo, como por ejemplo la negación de la existencia de Dios o una antropología que aminoraba la libertad de la persona humana, colocándola por debajo de la gran lucha para conquistar la justicia por parte del proletariado. La aceptación de la interpretación marxista de la sociedad por esta teología de la liberación fue punto de ruptura con otras corrientes teológicas latinoamericanas.

La crisis de las “TML”

La preferencia por las luchas socio-políticas suscitó la pérdida de eclesialidad entre las teologías marxistas de la liberación. La Iglesia invitó al diálogo y reflexión a los teólogos de la liberación pero, salvo algunas excepciones, aquel llamado fue desoído. Una de las razones esgrimidas por la “TML” era que la Jerarquía y las organizaciones eclesiásticas, la según ellos denominada “Iglesia oficial”, estaban alejadas de las aspiraciones de los pobres.

Una de las intervenciones decisivas para discernir los errores de la “TML” fue la publicación, en 1984, de la Instrucción “Libertatis nuntius”, donde se subrayaba el peligro que comportaba la aceptación acrítica, realizada por algunos teólogos, de tesis y metodologías provenientes del marxismo.

El hoy Beato Juan Pablo II había advertido repetidas veces sobre la existencia de desviaciones en la forma de  teologías de la liberación erradas, “en las que los pobres son concebidos en forma reductiva dentro de un marco exclusivamente económico, proponiéndoseles la lucha de clases como única solución posible. Se llega así a una situación de conflicto permanente, a una visión equivocada de la misión de la Iglesia y a una falsa liberación que no es la que Cristo nos ofrece” (Ver por ejemplo el discurso ante seminaristas en Lima, durante la visita al Perú en 1988).

Hoy se mantiene vigente el mensaje de Benedicto XVI a los obispos brasileños, donde señalaba el “peligro que implicaba la aceptación acrítica, por parte de algunos teólogos, de tesis y metodologías provenientes del marxismo. Sus consecuencias más o menos visibles, hechas de rebelión, división, disenso, ofensa y anarquía, todavía se dejan sentir, creando en vuestras comunidades diocesanas un gran sufrimiento y una grave pérdida de fuerzas vivas” (Ver discurso del 5 de diciembre del 2009). Al mismo tiempo el Santo Padre ofrecía “la mano extendida” de las luces aportadas, por ejemplo, en las Instrucciones vaticanas, con el fin de enmendar rumbos y reparar los daños. Aquellas “manos extendidas” también alcanzan a los congregados en San Leopoldo.

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