El Señor de la historia y el pintor Jerzy Duda Gracz


Por Sebastián Correa

Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida”.

Con estas palabras el hoy Beato Juan Pablo II inauguraba en 1982 el Pontificio Consejo para la Cultura. La triste separación entre la fe y la cultura había sido ya señalada por el Papa Pablo VI como el drama de nuestro tiempo y, para la Iglesia, en particular para el Papa Wojtyla, se trasformó en uno de los principales desafíos de la Nueva Evangelización.

La evangelización de la cultura busca ir a las raíces de la cultura misma y transformar desde dentro todo cuanto esté en contraste con la Palabra de Dios y con su designio salvador. No se trata de dar un cierto barniz católico a la sociedad, sino de encontrar en Cristo Jesús el fundamento mismo de la humanidad. Todo fue creado por Él y para Él. Él es el Señor de la vida, Él es el Señor de la historia. Y ahí encontramos tal vez uno de los mayores desafíos de la evangelización de la cultura: Una visión de la historia que tenga al Verbo Encarnado como su centro, como Aquel que da sentido a todo lo pasado y a todo lo que vendrá.

Cuán difícil es a veces ver nuestra propia historia personal como una historia donde el Señor ha ido actuando, llevándonos por insospechados caminos para que alcancemos la felicidad. Si es difícil hacerlo a nivel personal, cuanto más complejo será comprender la historia de todo un pueblo desde esta óptica fundamental.

Al ver en el Antiguo Testamento la historia de Israel nos maravillamos al comprender que el Pueblo de la Alianza tenía su propia historia: una historia que se fundaba en la relación entre Dios y su Pueblo. Toda su historia es un testimonio de la acción de Dios en favor del Pueblo Elegido.

Curiosamente hoy, que ya hemos conocido a Aquel que nos trajo la salvación, no siempre logramos comprender nuestra propia historia como una manifestación de ese Dios que no es indiferente con nosotros, sino que se hizo Hombre para reconciliarnos. Hacerlo es un gran desafío para nuestro tiempo. Ante los rápidos cambios tecnológicos, los tristes actos de violencia del último siglo, los desafíos económicos y sociales, debemos ser capaces de reconocer que nuestra historia tiene un sólo Señor, y sólo en Él podremos darle sentido a la existencia.

El pintor polaco Jerzy Duda Gracz logró esto con profunda claridad en la que se puede considerar como su obra más significativa. Luego de estar cercano a la muerte el artista de Czestochowa se reencontró con la fe que profesaba desde niño y encontró en Cristo, no sólo el sentido de su propia vida, sino que también de los inexplicables hechos que había sufrido su pueblo tras las guerras mundiales y el flagelo comunista.

Su visión de la realidad la plasmó en 18 obras pictóricas. Las 15 estaciones tradicionales del Vía Crucis y 3 obras complementarias: La aparición a Tomás, el Resucitado en Galilea, y la Ascensión.

Jesús es condenado a muerte

Jesús se encuentra ante Pilato. El pintor ha omitido la figura de Pilato, porque en la actualidad son otros quienes condenan a Cristo. Destaca la figura de un juez que tiene los ojos vendados para no ver la realidad. Junto a él la palangana para lavarse las manos de la sangre del cordero que ha de ser sacrificado. Muchos micrófonos, luces y periodistas, significando a los medios de comunicación que tantas veces difunden la mentira sobre Aquel que es la auténtica Verdad.

Cristo carga con la Cruz

Jesús, el Verbo hecho carne, se muestra en toda su fragilidad y se une al dolor y sufrimiento de tantos que padecen en el cuerpo, alma y espíritu. Acompañan a Cristo aquellos enfermos mostrando las muletas por las que son sostenidos en su fragilidad.

 Cristo cae por primera vez bajo el peso de la cruz

Jesús cae al piso y los obispos sorprendidos contemplan la escena. ¿Por qué no se levanta? ¿Si es Todopoderoso, por qué ha de pasar por esta humillación? ¿Por qué no libra a la Iglesia de estas penas?

 Cristo se encuentra con su Madre

Jesús se encuentra con su Madre representada en la imagen de Jasna Gora -Virgen de de Czestochowa-. Atrás del ícono mariano están las distintas devociones marianas, significando que en todo lugar María nos acoge siempre en sus brazos. Junto a Jesús y su Madre muchas otras madres acompañan la escena: madres jóvenes, madres ancianas, madres que han perdido a sus hijos y que rezan frente a sus tumbas. Solo una madre puede comprender el sufrimiento de Santa María en la pasión de Cristo.

El Cireneo ayuda a Cristo a cargar la Cruz

El Cireneo que ayuda a Cristo es el propio pintor. Luego de su conversión él se considera un bendecido por Dios y el poder cargar “un poco” la cruz de Cristo es bendición para el cristiano.

 Verónica limpia el rostro de Cristo

La Madre Teresa de Calcuta limpia el rostro de Cristo. Aparecen también muchas enfermeras y religiosas que abnegadamente se entregan al cuidado de los más necesitados.

 Cristo cae por segunda vez

Esta caída está escenificada en el Domingo de Ramos. Los hombres preocupados de preparar las fiestas olvidan que el centro es el mismo Jesús. Cuantas veces los cristianos,  por llevar a cabo las obras de Dios, nos olvidamos del mismo Dios.

 Cristo consuela a las mujeres

Las mujeres buscan el consuelo de Jesús. En la escena aparecen madres, hijas, religiosas, ricas y pobres, e incluso una prostituta, representando que todos necesitamos el consuelo de Cristo. Y sólo en Él lo encontraremos plenamente. Al fondo se ven confesionarios con una luz verde encendida, indicando que sólo en Él podemos encontrar la reconciliación.

  Cristo cae por tercera vez

Cristo cae por tercera vez y está agonizando. Es el dolor y sufrimiento supremos. ¿Qué causa tanto dolor? El sufrimiento de niños inocentes: los niños obligados a ir a la guerra, la prostitución infantil, los abortos cometidos, la soledad de los abandonados, y tantos otros niños cuyos sufrimientos sólo son conocidos por Nuestro Señor.

 Cristo es despojado de sus vestiduras

El despojo de las vestiduras, es representado con la festividad del Corpus Christi. Ese Dios hecho hombre, en su máxima vulnerabilidad y debilidad es a quien adoramos. A Él lo despojaron de todo. Es el paradigma de nuestra humanidad.

 Cristo es clavado en la Cruz

Jesús se sube voluntariamente a su propia Cruz para librarnos del pecado y de la muerte. Tras la Cruz están escenificados muchos de los polacos que han podido acompañar a Cristo en su propio Vía Crucis: un vagón con los exterminados en campos de concentración, el martirio del Padre Popielusko y de San Maximiliano Kolbe, el Cardenal Primado de Polonia Stefan Wyszynski, encarcelado injustamente por comunistas durante años.

 Cristo muere en la Cruz

Junto a la Cruz de Jesús está su Madre y el discípulo amado. La Madre representada en el ícono de Jasna Gora y el discípulo amado en la figura del Beato Papa Juan Pablo II. Junto a ellos los santos polacos que a través de la historia han unido sus vidas al sacrificio redentor de Cristo. Y en el trasfondo miles de cruces representan al pueblo polaco que une su corazón al de Cristo crucificado.

 El Cuerpo de Cristo en brazos de su Madre

La clásica imagen de la “pietá”, está configurada por el ícono de la Virgen de Jasna Góra, que mira fijamente al espectador preguntando ¿por qué habéis hecho esto?. La escena es acompañada de varios de los héroes nacionales polacos que a lo largo de la historia dieron su vida por la libertad nacional y el cristianismo en Polonia. Por eso en la cruz cuelga la bandera polaca. Ya que de algún modo, la identidad nacional está fuertemente marcada por su ser un “pueblo de Dios”.

 Cristo es depositado en el sepulcro

El sepulcro está ubicado en Auschwitz. La cruces representan a los miles de martirizados durante la II Guerra Mundial. Y junto al cuerpo de Cristo, vemos una pila de libros que representan las distintas ideologías que buscan desaparecer el Rostro de Cristo de la cultura actual.

 La Resurrección de Cristo

Cristo resucita y son millones los que gozan con su resurrección. No es simplemente una escena de resurrección, sino que es la resurrección con “el pueblo” de los que han vivido el mandamiento del amor.

 Tomás

El apóstol Tomás que mete su dedo en el costado de Cristo, es representado por un “hombre de ciencia”. La ciencia de nuestro tiempo exige pruebas para creer. Pero también el Señor nos recuerda que serán bienaventurados los que sin ver, hayan creído. En el fondo de la escena, se ve la torre de babel, representando al mundo que quiere “construir su realidad” al margen de Dios.

 Galilea

El Señor le muestra el “Pan de Vida” a Pedro con el que deberá alimentar la Iglesia. A lo largo de los dos milenios de la Iglesia, incontables sacerdotes han seguido las instrucciones del Maestro alimentando al pueblo con el único Alimento que da la Vida Eterna.

 La ascensión de Cristo

Cristo, el Verbo hecho Carne, asciende a los cielos. Luego de haberse hecho hombre, padeció, murió y resucitó por nosotros y por nuestra salvación. Al fondo de la escena, el santuario de Jasna Góra que es una suerte de “puerta” hacia el cielo. Donde millones de personas acuden para poder también gozar con el Señor de la gloria eterna.

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